The Neglected Carolina Bays

Bajo el título “The Neglected Carolina Bays” (las olvidadadas bahías de Carolina), Antonio Zamora acaba de publicar un libro – una auténtica joya del quehacer científico – donde expone toda la investigación que se ha realizado hasta el presente sobre estas sorprendentes estructuras geológicas. El objetivo del siguiente comentario es dar a conocer los principales puntos de esta investigación, a su autor y una pequeña explicación del porqué han sido “olvidadas”.

Ferran Maria Claudin Botines. Octubre de 2020.

  1. ¿Quién es Antonio Zamora?:

Antonio Zamora (ver https://en.wikipedia.org/wiki/Antonio_Zamora ) es un científico (químico, técnico en hematología e informático), actualmente jubilado, que entre otras cosas se ha especializado en impactos. Cabe decir que aun no siendo geólogo de formación, posee un alto nivel en cuanto a conocimientos sobre geología de impacto. Dicho nivel lo consiguió a base de asistir a cursos, conferencias y salidas de campo, así como estudiar por su cuenta y trabajar en estructuras de impacto.

2. ¿Qué es lo que expone en su libro? :

En el libro citado, “The neglected Carolina Bays”, Antonio Zamora expone que las “Bahías de Carolina” son el resultado del impacto de fragmentos de hielo procedentes de un casquete glaciar ( la capa de hielo Laurentino; ver https://es.wikipedia.org/wiki/Capa_de_hielo_Laurentino y Fig. 1)  que cubría la zona de los grandes Lagos (ubicada a unos 1500 Km de la zona de las “Carolina Bays”).

Laurentian Ice Sheet in the Americas.

Figura 1. La capa de hielo Laurentino en el continente americano. Se ha procedido a marcar con un círculo en color morado la zona de los Grandes Lagos. Extraído y modificado de http://cambioclimaticoenergia.blogspot.com/2011/09/la-fusion-del-manto-laurentino-y-su.html.

Estos fragmentos se originaron al impactar un cuerpo planetario en la zona de los grandes Lagos, concretamente en los alrededores de Saginaw Bay. Los fragmentos de hielo, que constituían el eyecta (material fragmentado y expulsado del cráter originado por el impactor sobre el casquete glaciar), dieron lugar a las “Carolina Bays” al impactar sobre materiales poco consolidados y con un cierto contenido en agua en los que provocaron licuefacción y fluidización acústica dando lugar a la generación de cráteres secundarios. Éstos cráteres secundarios al principio tenían una forma de cono inclinado, debido a que se originaron por impactos oblicuos, morfología que por un proceso de relajación viscosa acabaría dando lugar a la actual elíptica que se puede observar en las fotografías aéreas y de satélite (ver Fig. 2). Las divergencias respecto a esta forma principal se deben a diversos factores que Zamora demuestra a través de una serie de experimentos con modelos analógicos.          

Predominant morphology in the Carolina Bays

 Figura 2. Morfología predominante en las Carolina Bays (extraída de https://malagabay.wordpress.com/2017/10/13/the-atomic-comet-the-carolina-bays/carolina-bays-lidar/)

Así, las bahías de Carolina pueden definirse como “depresiones elípticas someras de bordes elevados sobre terreno no consolidado cuyo eje mayor se halla orientado hacia la región de los Grandes Lagos. Las prototípicas bahías de Carolina son elípticas en el sentido matemático y presentan una relación anchura-longitud promedio de aproximadamente 0.58. Las bahías de Carolina únicamente se hallan en un radio de 1500 km a partir de los Grandes Lagos “ (Zamora, 2015).

Como características principales pueden citarse: a. Su elipticidad, b. su orientación NW-SE (las desviaciones de esta dirección parecen ser sistemáticas con la latitud), c. su poca profundidad (como máximo 15 m de profundidad), d. la presencia en algunas de bordes arenosos elevados (con máximo desarrollo en el borde SE) que varían entre 0 y 7 m de altura, e. la posibilidad de que las bahías se solapen entre si sin destruir la morfología de ninguna depresión, f. la no distorsión de la estratigrafía bajoyacente a la depresión, g. siempre se presentan en terrenos no consolidados, h. aparecen preservadas sobre terrenos de diferentes edades y procesos de formación, i. pueden estar rellenadas o parciamente rellenadas por limos de origen orgánico o inorgánico. 

Su origen no puede deberse, a tenor de los datos hasta el presente, a ningún proceso geológico normal[1]. Los orígenes “terrestres” propuestos son: la acción de corrientes de agua y viento, termokarst, la acción de aguas subterráneas-disolución-instalación zona lacustre-acción eólica, y procesos similares a los que formaron los lagos salados australianos. De todas ellas, la primera y la segunda son las que tienen más seguidores entre los no impactistas[FMCB1] . En cuanto a la primera, que se basa sobre todo en una tesis no publicada en ninguna revista de revisión por pares (Kaczorowski, R (1977)), decir que no tiene una base experimental ni observacional que la demuestre. De la segunda decir que aunque ha sido defendida por uno de los geólogos impactistas más importantes de la historia (ver Melosh, 2011), las observaciones de campo y satelitales demuestran claramente su inviabilidad.

Sobre su génesis por impacto, cabe citar que su adscripción a un origen por impacto no se debe sólo a las ideas de Antonio Zamora. Antes que él, como nos relata en el libro, ya hubo proponentes que defendían su creación por un impacto (incluyendo entre los más recientes a Firestone et al. , 2007, y su propuesta sobre el evento de impacto para explicar el enfriamiento acaecido durante el Dryas joven (Younger Dryas)).

Aparte de citar todos los autores a favor de la hipótesis impactista (explicando sus principales argumentos), también hace lo mismo para los autores no impactistas. De este modo el libro constituye una interesante fuente de información sobre la historia de las Bahías de Carolina.

Pero para mí, la joya de la corona, es toda la argumentación sobre las pruebas del origen por impacto de las bahías de Carolina. Para ello el autor realiza toda una serie de experimentos conclusivos (con modelos analógicos) que demuestran como se producen cráteres cónicos en terrenos no consolidados y con un cierto contenido en fluidos a partir de impactos a baja velocidad (que es lo que sucede cuando tenemos craterización secundaria por impacto de eyectas sobre el terreno), y como éstos devienen bahías elípticas por el fenómeno de relajación viscosa. De igual modo, en sus experimentos con modelos analógicos pueden verse como se producen solapamientos entre estructuras que pueden dar lugar a formas curiosas (cosa habitual cuando se tienen una lluvia de eyectas que impactan sobre una zona), como la forma elíptica puede deformarse por deslizamientos laterales, y como la topografía y litología original también afecta a la morfología de las bahías. También demuestra matemáticamente, mediante análisis estadístico de las bahías, que la forma predominante es una elipse (no un óvalo) y que el eje mayor muestra una orientación hacia la zona de los grandes Lagos que varía con la latitud (que es lo esperable cuando el manto de eyecta sale despedido a gran distancia desde una determinada zona y se extiende a partir de ella). Otro punto importante es la observación sobre la posible estratigrafía invertida de los materiales de los bordes a partir de los datos que no cuadraban en una publicación no impactista[FMCB2] . Por último demuestra como la estratigrafía de la zona impactada puede quedar preservada bajo el cráter – esto es bajo la bahía – por la relajación viscosa, y como la utilización del método OSL (luminiscencia ópticamente estimulada) no es válido para datar las carolina Bays. Todas estas observaciones sirven para refutar de un modo convincente las objeciones planteadas por los no impactistas y dar una explicación coherente a las observaciones de campo y satelitales.

Y como todos estos resultados conducen a la conclusión de que son las estructuras creadas por el impacto de eyecta (tal y como ya había propuesto en su publicación en Geomorphology (ver Zamora, A., 2017), entonces se puede inferir que en la zona de los grandes Lagos hubo un impacto independientemente de si se halla o no la estructura generada por éste (estructura difícilmente preservada si se asume que este se produjo sobre una masa de hielo de más de 1km de espesor). Si a esto unimos el hecho de que se han hallado estructuras similares a las de las bahías de Carolina en la zona de Nebraska (las Nebraska Rainwater Basins), cuyos ejes mayores también apuntan hacia los grandes Lagos, podemos inferir el punto donde se produjo el impacto y donde debería estar el cráter (ver Fig. 3). Este punto es Saginaw Bay, donde aunque hoy en día no se observa ningún cráter se halla el lago Huron (que sería el lugar más favorable para realizar sondeos para tratar de poner de manifiesto el posible impacto).

Diagram of the point inferred from the extension of the major axes of the Carolina bays structures (to the right of the image) and the Nebraska Rainwater basins (equivalent to the Carolina Bays in the Nebraska areas)

Figura 3. Esquema del punto inferido a partir de la extensión de los ejes mayores de las estructuras de Carolina bays (a la derecha de la imagen) y de las Nebrasca Rainwatyer basins (equivalentes a las Carolina Bays en las zonas de Nebraska). El punto coincide con Saginaw bay. Es evidente que encontrar un cráter en este punto, teniendo en cuenta que el cuerpo planetario que lo produjo impactó sobre un manto de hielo de más de 1Km de grosor (entre 1 y 2 Km de grosor) es muy difícil. Primero porque el manto atenuó el impacto y segundo porque la fusión del hielo dio lugar a una serie de flujos que arrastraron los materiales generados y obliteraron el cráter. Imagen extraída de http://cintos.org/SaginawManifold/Distal_Ejecta/Nebraska_bays/index.html

Finalmente Zamora relaciona el impacto que se produjo en la zona de los grandes Lagos, y que dio lugar a la formación de las Carolina Bays y las Nebraska rainwater basins, con el evento de impacto del Younger Dryas (el Dryas reciente, que sucedió ahora hace entre 12700 y 11500 años atrás[FMCB3] ). Si bien dicho evento de impacto – al igual que la relación con las Carolina Bays[FMCB4]  – fue propuesto como tal por Firestone et al. en 2007, rápidamente los no impactistas lo dieron por no válido al no hallarse ningún cráter que pudiera haberlo producido (el smoking gun), ni indicios de metamorfismo de choque, ni anomalías geoquímicas indicativas de material procedente del espacio en sedimentos de esa época. Respecto a que no se ha hallado cráter, es lo esperable cuando un cuerpo planetario impacta sobre un manto de hielo de entre 1 y 2 km de espesor. Respecto a que no hay indicios de metamorfismo de choque, primero hay que encontrar materiales susceptibles de preservarlos (cosa difícil ya que el cráter y sus eyecta proximales fueron obliterados por los flujos generados al fundirse el hielo; la única esperanza, de momento, serían sondeos en el lago Huron y en las bahías para ver si los fragmentos de hielo llevaban consigo materiales rocosos de la zona de impacto). Respecto a que no se han hallado anomalías geoquímicas en sedimentos de la edad del Dryas reciente, destacar el artículo de Petaev, et al. 2013, en el que hablan de una clara anomalía de platino hallada en un sondeo en la zona de Groenlandia y que coincide con el período del Dryas reciente (lo que abogaría por el impacto de un siderito pobre en Ir). En la actualidad los no impactistas rechazan la hipótesis del impacto como causa del enfriamiento producido durante el Dryas reciente (aferrándose sobre todo al argumento de que no había capa de hielo en la zona de Saginaw Bay en el momento del impacto y en que las edades de las Carolina Bays son diversas (datándolas mediante la técnica de luminiscencia ópticamente estimulada[FMCB5] )) y abogan por explicar el enfriamiento del Dryas reciente por una entrada de agua dulce procedente de la rotura del lago Aggasiz (ver https://es.wikipedia.org/wiki/Lago_Agassiz) en la corriente termohalina del Golfo. Esta entrada provoco la ralentización de la corriente del Golfo, corriente que redistribuye la temperatura desde las zonas ecuatoriales hacia las zonas polares, causando el enfriamiento global del Dryas reciente (ver Leydet et al. 2018). Lo que los partidarios de esta hipótesis no han tenido en cuenta es que un impacto en la zona de Saginaw Bay pudo haber provocado la rotura de dicho lago y por ende el enfriamiento global.

3 El porqué de Olvidadas:

Asociado al evento de impacto del Dryas reciente Zamora también cita un artículo sobre el probable descenso en la población de “machos reproductores” en la población de homínidos por efecto de la bajada de las temperaturas que provoco una disminución en las poblaciones de homínidos de todo el mundo (Karmin et al, 2015 y Catalano et al., 2008).

Las bahías de Carolina han sido silenciadas, esto es mantenidas en una especie de limbo, cuando en realidad son la prueba fehaciente de que hubo un impacto en la zona de los grandes Lagos. Esto ha sucedido por la no investigación en detalle que si ha hecho Zamora. El hecho de demostrar que su origen no puede ser otro que por impacto hace que, al ser cráteres secundarios producidos por los eyecta de un impacto, sirvan para demostrar el lugar de impacto sin necesidad de que veamos el cráter (ver Fig. 4) y por ende un refuerzo más para el evento de impacto del YD (Dryas reciente).

Mars surface where the rays (radial marking system) produced by the ejecta ejected by the crater located in the zone in question

Figura 4. Imagen de la superficie de Marte en la que pueden verse los rayos (sistema de marcas radiales) producidos por los eyecta expulsados por el cráter ubicado en la zona de interrogación. No vemos el cráter, pero se puede deducir su posición. Esto mismo es exactamente lo que se hace en la figura 3, donde los rayos serían las trayectorias que nos marcarían las líneas que unen los ejes mayores de las Carolina Bays y de las Nebraska rainwater basins hasta su intersección en Saginaw Bay (zona de los Grandes Lagos). Imagen extraída y modificada de https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_de_marcas_radiales

¿Pero porqué la autocensura? ¿Pero porqué ese dejar de lado la investigación de las Carolina Bays? ¿Por qué esa reticencia a saber más de esas estructuras con las que se ha encontrado y se encuentra Antonio Zamora?. Una suposición es que dado que con esta investigación se añadía un problema más – una línea de confrontación más – a la hipótesis del evento de impacto propuesta por Firestone et al. (2007), supongo que se prefirió no insistir en la idea original de que eran cráteres. Aunque me temo que como siempre tiene que ver con el proceso de avance de las ideas científicas.

La primera idea a tener en mente es que la ciencia, independientemente de su definición (a día de hoy aún no existe un consenso generalizado sobre su definición) es una actividad social que busca el desarrollo de una clase especial de conocimiento (Campanario, 2004). Por tanto el trabajo científico, es por lo general, un trabajo colectivo que en principio debería estar abierto al escrutinio por otros miembros de la comunidad investigadora (Campanario, 1999). Para que este escrutinio – esa observación crítica de las ideas expuestas en un trabajo científico – se pueda realizar, es importante que se publiquen. Mediante la publicación en revistas especializadas[FMCB6] , los investigadores exponen sus trabajos y conclusiones al resto de la comunidad científica para que ésta los valore. Por lo general, la primera comunidad encargada de valorar este trabajo es la propia de científicos que trabajan en el mismo tema (lo que Crane (1972) denominó el “colegio invisible”). Como es obvio, dentro de la comunidad (ya que no acostumbra a ser muy grande), la mayoría de miembros se conocen aunque no sea de manera presencial. En ocasiones, como en congresos y conferencias, los vínculos entre los miembros se estrechan más. Así, es normal que aparte de los miembros de su propio grupo de trabajo, la gente se relacione con los miembros de otros grupos de trabajo. De esta manera, aparecen redes sociales entre los individuos. En estas redes, como en las de cualquier ámbito de actuación humana (me atrevería a decir que de cualquier grupo de primates y animales) hay nodos (individuos o conjuntos de individuos) que destacan más que otros. Diríamos que son las estrellas que brillan en la oscuridad; aquellos que tienen más influencia y respeto.

En ciencia ya hemos comentado que es muy importante la publicación. Y lo es porque no tan sólo se aspira al reconocimiento del ego personal, sino que la carrera de un científico depende de la calidad de las revistas donde publique y de las citas y referencias que consiga de otros. Dentro del término carrera hablamos del status dentro de un grupo, de subvenciones económicas para seguir investigando, de la posibilidad de asesoramiento externo a otros grupos, de convertirse en revisor en el juicio sobre el trabajo de otros miembros…etc.

Este último aspecto, el de revisor en el juicio y escrutinio de artículos de otros miembros tiene su importancia. Algunos investigadores y las personas en general, tienden a pensar que las teorías científicas “correctas” acaban por imponerse a las “incorrectas” por sus propios méritos. Es decir, que cuando una teoría satisface mejor las explicaciones sobre un determinado fenómeno que otra, ésta acabe imponiéndose. En un mundo justo y neutral debería ser así. Pero el mundo de la ciencia no es ni justo ni neutral (aunque aparente serlo). Recordemos que es la comunidad la que decide qué trabajos son aceptados o no para su publicación. Este proceso “social”, donde se analiza y valida el trabajo de los científicos, se conoce como “peer review” (revisión por expertos) y desempeña un papel fundamental en la vida científica (Campanario, 2004). Este sistema consiste en que los equipos editoriales y los revisores (referees) de las revistas científicas evalúan los artículos que les envían para su posterior publicación o no.

Y es aquí donde empieza el drama (o no). Es preciso convencer a los revisores en primer lugar para que se pueda publicar y a la comunidad científica en segundo lugar una vez que ésta haya leído el artículo. Pero para publicar hay que pasar el escrutinio de los revisores que acostumbran a ser científicos con experiencia y reputación en el tema del que trata el artículo en cuestión (o debieran serlo, porque hay casos en que esto no se cumple). Los revisores, recordemos, pertenecen al colegio invisible donde existen toda una serie de relaciones entre los miembros. A su vez, también tienen sus intereses ya que trabajan en determinados ámbitos junto con los miembros de sus grupos. Necesitan también publicar para mantener su prestigio y reputación con los que seguir obteniendo méritos (financiación, respeto, ascensos dentro de sus centros…) para poder seguir con sus carreras. Esto hace que en ocasiones, bien por ideas preconcebidas (la mayoría de las veces) bien por mantener sus ideas (y su poder…), no vean con muy buenos ojos aquellas publicaciones que exponen ideas contrarias al “mainstream” (a la corriente dominante). Y esto sucede aun cuando el autor/autores de la publicación sometida a escrutinio tenga una gran reputación. En estos casos el artículo se somete a un escrutinio más fuerte que en los casos de artículos continuistas con las ideas favorables al mainstream. Ello puede derivar en la no publicación del artículo o artículos y por tanto ir en detrimento del autor o autores que propugnaban la idea diferente a la convencional. Estos autores se convierten así en disidentes y sus ideas provocan una controversia.

Las controversias pueden acabar derivando en una lucha de reputaciones (Campanario, 2004), en la que no nos engañemos – y como cualquier investigador sabe- la opinión de algunos miembros vale más (o es más respetada) que la de otros.

Durante el transcurso de las controversias, llega un momento en que la mayoría de los científicos (generalmente los del bando mainstream) “pasa” de los trabajos que provienen del otro bando. Una vez que la mayor parte de la comunidad académica considera un asunto sentenciado, no se suele prestar mucha atención a las nuevas pruebas y argumentaciones que se presenten. Seguir insistiendo en el tema sólo puede conducir a una mayor pérdida de prestigio para los que se resisten a aceptar el veredicto condenatorio de sus colegas (Campanario, 2004).

En este caso, ¿Qué pueden hacer los disidentes?. Básicamente 3 cosas (Campanario & Martin, 2004): a. Obtener fondos para proseguir sus investigaciones de otras fuentes (privados, haciendo presión política, de agencias a las que no les preocupen los aspectos innovativos, de donaciones) ; b. Publicar (enviando sus artículos a diversas revistas, a las conferencias, hacer sus propias impresiones, publicar libros, buscar la cobertura de los mass media) ; Sobrevivir al ataque (continuar sin distraerse ni perder el coraje, buscar la ayuda de otros que hayan sufrido ataques, explicitar el ataque sobretodo remarcando los aspectos no científicos[FMCB7] , exponer los intereses no científicos de los atacantes, contraatacar utilizando métodos parecidos, emprender acciones legales)

Pues bien, en el caso de la proposición sobre el evento de impacto del Dryas reciente todo apunta a que se ha llegado a esa situación de controversia. Y en el concreto de las Bahías de Carolina también. La autocensura aplicada por Firestone et al. en el caso de las Bahías de Carolina, bajo la forma de olvido de su propuesta original, quiero suponer que no deja de ser un intento de suavizar la controversia con la esperanza de que sea más fácil la aceptación del evento de impacto del Dryas reciente por parte del colegio invisible.

Si uno analiza todas las pruebas aportadas por Antonio Zamora de manera ecuánime, verá que es la explicación más sencilla i que explica un número mayor de observaciones de campo. Explicaciones como la propuesta por Kaczorowski, R (1977), que ni siquiera fueron publicadas en una revista de verificación por árbitros, aparte de no tener ningún fundamento experimental (aplicando sus métodos se obtienen bahías de morfología similar a la de un balón de rugby, entre otras cosas) y que no explican la mayor parte de las observaciones, sólo pueden prevalecer por el hecho de que favorecen una determinada opinión predeterminada colectiva. En este caso se trata de la acción del viento y del agua a través de miles de años (situación a todas luces improbable para producir las Bahías de Carolina). Da igual que la propuesta sea absurda y no sirva para explicar las observaciones: es lo aceptado por el colegio invisible.

En el caso del termokarst, se sustenta – también sin que sirva para explicar la morfología de las Bahías, ni su distribución en zonas concretas de la tierra con unas determinadas características (material no consolidado con un cierto contenido en agua) – en la opinión de uno de los mejores impactistas que ha habido (Melosh, 2011[FMCB8] ). En este caso, estaríamos ante un ejemplo claro de que no todas las opiniones son iguales y que las de algunos miembros – los denominados nodos estrella – tienen tanta fuerza que sirven de guía sin necesidad de cuestionarse nada más.

4.Conclusión:

El libro analizado aquí es una de aquellas pequeñas joyas científicas escritas con un lenguaje divulgador pero al mismo tiempo preciso, en las que cada observación de campo se halla explicada y testada. Sirve tanto para personas neófitas como para investigadores. De su lectura, y sobre todo de su análisis, pareciera que en los próximos tiempos las Bahías de Carolina – cráteres secundarios producidos por el impacto de fragmentos de hielo procedentes de la zona de los Grandes Lagos – están llamadas a ser una de las pruebas más fuertes a favor del evento de impacto del Dryas reciente en la zona de Norteamérica.

Referencias Bibliográficas:

Blewet, W.L., Winters, H.A., Rieck, R.L. (1993): New age control on the Port Huron morraine in Northern Michigan, Physical Geography, 14:2, 131-138.

Bunch, T. E. et al. (2012): Very high-temperature impact melt products as evidence for cosmic airbusts and impacts 12,900 years ago. Proc Natl Acad Sci USA, 109 (28): E1903-E1912.

Campanario, J.M. (1999): La ciencia que no enseñamos. Enseñanza de las ciencias, 17 (3): 397-410.

Campanario, J.M. (2004): Científicos que cuestionan los paradigmas dominantes, algunas implicaciones para la enseñanza de las ciencias. Revista electrónica de Enseñanza de las Ciencias, vol 3, nº3, 257-286.

Campanario, J. M. and Martin, Brian, Challenging dominant physics paradigms 2004. https://ro.uow.edu.au/artspapers/12

Catalano, R., et al. (2008): Ambient temperatura predicts sex ratios and male longevity, PNAS February 12, 105 (6), 2244-2247.

Claudin, F y San Miguel, A. (1983): Importancia de la fase de craterización en la evolución de los cuerpos planetarios del Sistema Solar. Rev. Inv. Geol. 37: 81-121.

Crane, D. (1972): Invisible colleges: Diffusion of knowledge in scientific communities. Chicago: University of Chicago Press.

Firestone, R., West, A & Warwick-Smith, S. (2006): The Cycle of cosmic catastrophes. Vermont: Edit Bear & Company. 392 pp. ISBN-13: 978-1-59143-061-2

Firestone, R.B. et al. (2007): Evidence for an extraterrestrial impact 12,900 years ago that contributed to the megafaunal extinctions and the Younger Dryas cooling. Proceedings of the National Academy of Sciences, 104, 16016-16021.

Kaczorowski, R.T. (1977): The Carolina Bays: A comparison with modern oriented lakes. Technical report No 13-CRD, Coastal Research Division, Department of Geology, University of South Carolina, Columbia, South Carolina

Karmin, M., (+100) et al. (2015): A recent bottleneck of Y chromosome diversity coincides with a global change in culture, Genome Research, 2015 Apr; 25(4): 459-466, DOI: 10.1101/gr.186684.114

Melosh, H.J. (2011): Planetary Surface processes, Cambridge University Press

Petaev, M.I.; Huang, S.; Jacobsen, S.B. & Zindler,A. (2013): Large Pt anomaly in the Greenland ice core points to a cataclysm at the onset of Younger Dryas, PNAS July 22. DOI: 10.1073/pnas.1303924110, 2013.

Zamora, A. (2015): Solving the mistery of the Carolina Bays, Kindle eBook (ISBN: 978-0-9836523-8-0, June 12, 2015). Paperback edition (ISBN: 978-=-9836523-9-7, July 15, 2015).

Zamora, A. (2017): A model for the geomorphology of the Carolina Bays. Geomorphology 282: 209-216. http://dx.doi.org/10.1016/j.geomorph.2017.01.019

Webgrafia utilizada:

https://en.wikipedia.org/wiki/Antonio_Zamora

https://es.wikipedia.org/wiki/Capa_de_hielo_Laurentino

https://malagabay.wordpress.com/2017/10/13/the-atomic-comet-the-carolina-bays/carolina-bays-lidar/)

http://cintos.org/SaginawManifold/Distal_Ejecta/Nebraska_bays/index.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Lago_Agassiz

https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_de_marcas_radiales


[1] Cuando hablo de proceso geológico normal lo hago en el sentido de matizar que son aquellos debidos a la propia dinámica de la Tierra (meteorización y erosión, carstificación, acción eólica, acción glaciar). Aquí sin embargo cabría decir que la craterización por impacto, esto es aquella producida por el impacto de cuerpos planetarios (asteroides o cometas) sobre la superfície terrestre es también un proceso geológico normal en el sistema solar. Proceso que no solo afecta a la Tierra sino a todos los planetas del Sistema Solar. Por tanto, la palabra normal también debería ser aplicable al origen por impacto de las bahías de Carolina.


 [FMCB1]En este punto debo referirme, mal que me pese, al conocido enfrentamiento entre impactistas y no impactistas. Este enfrentamiento viene de lejos y sigue en nuestros días. Pueden citarse para ilustrarlo los casos de los cráteres lunares (enfrentamiento entre J.D. Dana y G.K. Gilbert (ver Claudin y SanMIguel , 1983) ), el cráter de Ries, la estructura de impacto de Vredefort, la estructura de impacto de Sudbury……etc. En la mayoría de estos casos el enfrentamiento se produce entre los geólogos regionalistas, que han realizado trabajos “de geología normal” en la zona (sobre tectónica, sobre aguas subterráneas, sobre estratigrafía….etc) y aquellos “impactistas” que abogan por el origen por impacto de alguna estructura presente en esa zona. Este sería el caso también de las “Carolina Bays”. Debo puntualizar, además y sin ánimo de ofender, que en la mayoría de casos los no impactistas poseen un grado de conocimientos pésimo sobre los procesos de impacto. Escaso conocimiento que posiblemente, por no decir que en su totalidad, se relaciona con la circunstancia de la no enseñanza de la geología de impactos en las facultades de geología (siendo un “proceso normal” y fundamental en la evolución de todos los planetas y cuerpos del Sistema Solar).

 [FMCB2]En este caso se trata del articulo de Bunch et al., 2012. En el articulo mencionan – y es de agradecer porque muchos autores eliminan los datos que no les son favorables – los resultados obtenidos al analizar la edad (mediante el método de luminiscencia estimulada ópticamente) de tres muestras tomadas a distintas profundidades del borde de una bahía localizada cerca de Blackville (en el sur de Carolina). Las edades fueron de más joven para la muestra más superficial, mas antigua para la muestra localizada en la mitad y una edad intermedia para la muestra más antigua. Esto es precisamente lo que cabría esperar cuando hay una inversión estratigráfica en el borde de una estructura de impacto. Con todo, Zamora propone – como buen científico – que se realicen más test de este tipo en diversas estructuras.

 [FMCB3]¿Se debe hablar de impacto o impactos? Hay que citar que también hay indicios en Sudamérica (Pino et al., 2019), concretamente en Chile, de una extinción de fauna asociada con la capa que marca el límite del Dryas Reciente. En este caso, también se hallaron asociadas unas esférulas ricas en Cr (que no se habían encontrado en las otras 50 localidades de los 4 continentes investigadas, y que sugiere un impactor rico en Cr). De modo parecido al caso de Norteamérica tampoco se ha encontrado un cráter asociado, aunque se ha sugerido la posibilidad de que se trate del cráter de Iturralde en Bolivia.  En todo caso, lo que parece bien establecido es que las extinciones del Dryas reciente no se debieron ni al frio ni a la acción predadora de los humanos de la edad de piedra.

 [FMCB4]Hay que destacar que en el articulo de 2007, Firestone et al., tan solo hablan de las Carolina Bays pero sin especificar que se trata cráteres producidos durante el evento de impacto. Por el contrario en su libro de 2006 (The Cycle of Cosmic Catastrophes) si que mencionaban que se trataba de cráteres producidos como consecuencia del evento de impacto.

 [FMCB5]La presencia de hielo en la época del Dryas reciente en la zona de Saginaw Bays viene avalada por el articulo de Blewett et al, 1993. Estos autores dataron los materiales morrénicos de Port Huron en 12960±350 años.

La técnica de luminiscencia ópticamente estimulada no es aplicable a la datación de las Carolina Bays porque al ser éstas generadas por impactos, los materiales que se datan corresponden a los del objetivo original y no a los correspondientes a la formación de la Bahía ( para una explicación más detallada ver pp 232-233 del libro).

 [FMCB6]Las revistas científicas tienen su origen ligado a la necesidad de tener un mecanismo que pueda evitar, en este caso mediante la publicación y la difusión de los trabajos, el que otros investigadores puedan apropiarse de las ideas concebidas por los autores de los artículos.

 [FMCB7]El autor de la presente recensión ha sufrido en sus propias carnes ataques de este tipo. En este caso los ataques consistieron en dudar de la integridad moral de algunos de los miembros del equipo de investigación por parte de miembros de la corriente mainstream (acusándolo de haber falseado muestras de secciones delgadas). También se pueden citar las ordenes, propuestas desde una de las máximas autoridades en impactos y dirigidas a los miembros del colegio invisible, de mantener silencio sobre el tema de nuestros trabajos. De ambos casos se guarda copia escrita.

 [FMCB8]Quiero aquí honrar su memoria, a pesar de las diferencias en este caso, ya que pienso que ha sido referente para la mayoría de científicos interesados en el tema de los impactos y de la geoplanetologia en general. En mi caso fue uno de los puntales de mis estudios sobre el tema.

Nuevo: Artículo sobre la formacíon Pelarda – estructura de impacto de Azuara

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LA FORMACIÓN PELARDA: CARACTERÍSTICAS DEPOSICIONALES, EDAD Y GÉNESIS  (artículo completo: click aquí)

Ferran Claudin* y Kord Ernstson**

Resumen. – La Formación (Fm.) Pelarda ubicada en el Sistema Ibérico en el noreste de España, es un yacimiento sedimentario con una extensión aproximada de 12 km x 2,5 km y un espesor estimado de no más de 400 m. La formación fue reconocida por primera vez como una unidad peculiar a principios de la década de los setenta y fue objeto de interpretaciones como un depósito fluvial o un depósito de abanico aluvial con una edad postulada entre el Paleógeno y el Cuaternario. Desde principios de los años noventa, la Formación Pelarda ha sido considerada como un depósito de eyectas de impacto originado por la gran estructura de impacto de Azuara de unos 40 km de diámetro y, al mismo tiempo, una de las mayores y más prominentes ocurrencias de eyectas de impacto terrestre, lo cual, sin embargo, es cuestionado por los geólogos regionales que aún defienden los modelos de abanico fluvial y aluvial. En términos generales, la Formación Pelarda es una diamictita no clasificada, apoyada en una matriz, con tamaños de grano entre la fracción de limo y los clastos de tamaño metro. En todo el yacimiento de la Fm. Pelarda se observan fuertes deformaciones de los clastos y abundantes efectos metamórficos de choque, como características de deformación planar (PDF), compatibles con el origen de los eyectas de impacto. Los clastos más grandes alineados y las bandas intercaladas más pequeñas de areniscas, limolitas y material arcilloso indican una estratificación local obviamente ajustada a los procesos de flujo dentro de la cortina de eyectas de impacto. Esto sugiere que los flujos gravitacionales predominan en un transporte por agua tanto en estado líquido como gaseoso. Se discute el transporte y la deposición como una especie de oleada piroclástica. Una secuencia de croquis describe el proceso de emplazamiento de la Fm. Pelarda como parte de la formación del cráter de Azuara y la integración en el marco general de la geología previa al impacto y de algunas capas posteriores al impacto.

Palabras clave: Sistema Ibérico, Eoceno Superior/Oligoceno, Estructura de impacto de Azuara, Eyecta de impacto proximal, flujo piroclástico.

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* Profesor de Enseñanza Secundaria, Colaborador del Museo de Geological d

** Profesor en la Universidad de Würzburg (Alemania); kernstson@ernstson.de

 

Depósito de impacto en el embalse de Moneva (estructura de impacto de Azuara, España)

por Ferran Claudin, Daniel Gorgas & Kord Ernstson (Junio 2013)

En el transcurso de una salida de campo alrededor del embalse de Moneva en el año 2012 (Fig. 1, 2), Daniel Gorgas (uno de los autores y vecino de Azuara) que en el pasado ha contribuido frecuentemente con importantes observaciones geológicas en la investigación del impacto de Azuara, nos enseñó un afloramiento geológico que parecía desviarse de los depósitos normales por el conocidos entre los sedimentos del GTerciario joven de la estructura de Azuara. Siguiendo sus indicaciones empezamos a estudiar los mapas geológicos del área alrededor del embalse (Figs 2 y 3) y a inestigar los afloramientos en más detalle.

Fig. 1. Imagen de localización para los afloramientos investigados en el embalse de Moneva, sito dentro de la estructura de impacto de Azuara (remarcada por un círculo de trazos blancos discontínuos). Continuar leyendo «Depósito de impacto en el embalse de Moneva (estructura de impacto de Azuara, España)»